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Revisión del concierto | El concierto del violoncelo de Dvorák es un trabajo tan querido que los concertgoers se reunirán para oírlo incluso cuando el solista no es un nombre famoso. Así, una audiencia del bueno-tamaño resultada para oír - y fue sorprendido agradable cerca - al violoncelista Francés-nato Javier Phillips el realizarse en la noche del jueves con el conductor Günther Herbig de la sinfonía y de huésped de Seattle. Phillips, llevado en 1971, tiene un fuerte, tono no forzado de la considerable facilidad y belleza, refinados con mucha de variación en su vibrato y dinámica. Él tiene un sentido claro de la línea musical y sabe salir el mejor de este gran concierto. Su lectura del Dvorák estaba libre de trucos, ofreciendo en lugar de otro algunos detalles interpretativos agradables (no todas las echadas estaban sin embargo en blanco, especialmente en las paradas dobles y algunas de los pasos de altos vuelos). Phillips se centró en la música, no la audiencia, pero él no obstante conectó sólidamente con sus oyentes, que le dieron una ovación de pie que provocaba y merecida. No es a menudo que algo de mejor jugar de orquesta de la tarde viene en el concierto, pero Herbig consiguió un cierto trabajo particularmente agradable de la sección del cuerno y de la almendra de Frank del concertmaster, cuyos breves pasos del dúo con Phillips eran absolutamente encantadores. El abrelatas, Sinfonia No. 10 de Mendelssohn en menor de edad de B, era una opción sin inspiración, exhibiendo algunos problemas del secuencia-conjunto. Las habilidades de Herbig como intérprete fueron demostradas a una ventaja mucho mejor en el pedazo grande de la tarde, la sinfonía No. 1. de Sibelius. Aquí, había también algunos problemas del conjunto (particularmente hacia el extremo del segundo movimiento), aunque la técnica del palillo de Herbig parece bastante clara. Igualmente claro estaba su afecto para este Sibelius, que brilló a través de cada movimiento. Herbig también tiene un oído afilado para los balances, evidente no sólo en el concierto pero también en el Sibelius - donde incluso el solo más reservado del clarinet nunca fue dominado, e incluso los pasos de cobre amarillo más feistiest nunca sonaban exagerados. Melinda Bargreen: mbargreen@seattletimes.com © 2008 de los derechos reservados la Seattle Times Company
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